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RECOMENDACIONES |
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Tren. Ventajas del tren: permite caminar y en él resulta
fácil conocer gente. Incluso el traqueteo me resulta
agradable y me ayuda a conciliar el sueño. Ir al vagón
restaurante a cenar, aunque la comida sea cara y de
nefasta calidad, es una experiencia única que no cambio
por una cena en el Maxim's de París. Todavía tengo la
esperanza de entrar un día en el vagón restaurante,
encontrarme con que no hay mesas libres, y que una
muchacha de buen ver interrumpa su lectura de "Los
hermannos Karamázov" para ofrecerme compartir mesa y
acabar, tras una interesantísima charla intelectual, con
aquello de "en tu compartimento o en el mío"
• El viajero solitario nunca debe olvidar que siempre es
mejor solo que mal acompañado. Los demás viajeros
solitariosson los más peligrosos. Puede tratarse de un
interesante viajero con el que intercambiar información
sobre los lugares visitados y los que se pretende
visitar, con el que podemos compartir una cena o incluso
unos días de viaje, pero también puede tratarse de un
aprendiz de viajero desesperado por engancharse a
alguien que le haga de compañero, de guía y de
intérprete. No son pocos los novatos que padecen el
síndrome de abstinencia del guía.
• No cuesta nada acercarse a la persona que queremos
fotografiar, con una sonrisa de oreja a oreja, y
preguntarle si le importa que le saquemos una foto. En
el caso probable de no conocer su idioma, no cuesta nada
aprenderse la frase "¿puedo hacerle una foto?" o
recurrir al lenguaje de los signos: señalar la cámara es
suficiente para que la persona adivine nuestras
intenciones y acceda a nuestra petición con una sonrisa.
• Si hemos hecho un viaje organizado tipo "Todo Estados Unidos en una
semana", es imprescindible repasar las guías para no
confundir las cosas y largar comentarios como "que
grandes son las olas en las playas de Idaho",
"California está llena de mormones" o "que bonitos son
los géiseres de Florida".
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Artesanía. En el 95% de los casos se trata de objetos
hechos exclusivamente para el turista y confeccionados
con la maquinaria más moderna. De hecho, muchos de los
souvenirs típicos de Malasia están hechos en Indonesia,
y viceversa. Y no es en absoluto extraño que ese objeto
-que un vendedor nos ha jurado que ha sido manufacturado
por una tribu perdida de las montañas- podamos
encontrarlo, a un precio similar, en la tienda de
objetos exóticos del barrio o en la Semana China de El
Corte Inglés.
Chicles. Son muy útiles para los viajes en avión, ya que
evitan el dolor de oídos provocado por la diferencia de
presión. |
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Lengua. Cuatro palabras en la lengua del país
visitado también son un inmejorable medio para iniciar
una charla con algún nativo, objetivo constante de
cualquier viajero, aunque después la limitación del
idioma obligue a continuar el diálogo con el lenguaje
gestual. |
Salud. Una insolación o un dolor de muelas pueden
arruinar un viaje, así que, como reza el dicho, la
prevención es la mejor arma del viajero, pero también la
obsesión por la salud puede convertir un viaje en una
pesadilla. Antes de partir, el viajero debe asegurarse
de que no tiene ningún problema de salud que pueda
empeorar durante el viaje, como, por ejemplo, una
caries, de manera que una visita al dentista es
altamente aconsejable.
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DE VIAJE |
Western Union. En el habitual caso del
turista que se le va la mano con las compras y
se queda sin blanca, o del que confiaba en su
tarjeta de crédito y acaba aporreando el cajero
automático, la manera más rápida, aunque no más
económica, de recibir una transferencia es a
través de las oficinas de Western Union que hay
dispersas por todo el mundo
Compras. El comprador compulsivo es un excelente
candidato a caer en las manos de un cazaturistas,
que le dará gato por liebre o que no le dará ni
gato ni liebre y se desvanecerá en el aire
quedándose con el dinero. La frase clave para
detectar un timador es "confíe en mí". Un
vendedor es un profesional que no necesita para
nada pedir confianza de nadie para realizar su
trabajo. |
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Duty-free. Hablando de aeropuertos, los
duty-free son un genial invento en el que pueden
encontrarse las tonterías típicas de cada país,
de forma que se convierten en el recurso idóneo
para, en el viaje de regreso, proveerse de los
tres regalos de compromiso que tengamos que
hacer |
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Libros. La mejor elección en cuanto al formato
son evidentemente las ediciones de bolsillo. No
hay que olvidar que habitualmente se lee mucho
más estando de viaje que en casa, y que siempre
resulta más fácil comprar por ahí una pieza de
ropa que un buen libro, de manera que, a la hora
de hacer el equipaje, menos camisetas y más
libros. |
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Avión. En teoría es el Medio de transporte más
práctico por su rapidez. Esa realidad no siempre
es cierta. Sí, Madrid-Nueva York en siete horas.
Muy bien. Sin contar el atasco hacia Barajas, ni
el retraso de siete horas ni la cola en la
parada de taxis. La aventura de coger un avión
puede ser comparable a la de cruzar la ex URSS
en autostop. Tampoco se puede decir que tenga un
gran romanticismo, a pesar de lo que diga
Emmanuelle. Y no es muy cómodo especialmente
para los que viajan en clase turista. |
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Antifaz. Útil si nos molesta la luz para dormir
y, especialmente, para dejar bien claro al
vecino de la butaca de al lado que no nos
interesa lo más mínimo su viaje a Kenia del
verano pasado o el desarreglo intestinal que
sufre debido a lo horrenda que le parece la
comida local. |
• Tapones para las orejas. Son muy prácticos
para cualquier medio de transporte. En los
desplazamientos con autocar sobre todo, para el
vídeo, el hilo musical o las explicaciones del
guía si es un viaje organizado, aunque conozco
gente a la que ese tono monótono le ayuda a
conciliar el sueño. En los hoteles con aire
acondicionado también se agradece para mitigar
el zumbido que éste produce.
• En la búsqueda de restaurantes no hay que
fiarse mucho de la guías; quizás ese restaurante
que recomiendan fue en sus días un buen ejemplo
de cocina local y con un precio correcto, pero
es probable que tras la publicación de la guía
esté frecuentado únicamente por turistas y los
precios se hayan adecuado a la divisa
extranjera. |
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• El más grave riesgo inherente a la época post
vacacional es aceptar una invitación para cenar.
Si dicha invitación no es a un restaurante sino
a un domicilio particular, aceptarla no es ya un
riesgo, sino un suicidio. Hay que ser tonto para
no darse cuenta que la invitación es una burda
estratagema para, tras el café, dejar caer la
terrible propuesta de "por cierto, ya tenemos
reveladas las diapositivas del viaje a Bolivia,
¿queréis verlas?" |
Las guías sí son útiles para describirnos los
platos típicos del lugar e indicarnos cómo
pedirlos.
• El turista obsesionado con beber solamente
agua embotellada en lugares donde ésta es
difícil de conseguir se asegura evitar una serie
de enfermedades infrecuentes, pero corre el
riesgo de caer en una grave deshidratación. | | | |