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A mitad de
camino entre un gran turismo señorial y un deportivo
extremo, este Maserati forma parte de una subespecie de
vehículos en los que se ha especializado la marca del
tridente, cuya última realización, el Quattroporte, no sólo
aúna la furia de un bólido con la amplitud de un turismo
sino que ofrece a los pasajeros dos puertas traseras por
donde montar, algo por lo que (de momento) Ferrari no pasa.
Porsche ya se lo está pensando. La aspiración última de
Maserati apunta a ese puñado de afortunados que, con un solo
vehículo, pueden disfrutar de las altas prestaciones (esto
mejor a solas), viajar con la familia y desplazarse
diariamente al trabajo. ¡Quién estuviera en su piel!
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