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Ford Focus
Wagon

| La primera generación Focus representó un revulsivo en
Ford, pero el nuevo Focus va todavía mucho más lejos en casi
todos los aspectos. Cuando el nombre no basta para vender, hay
que ofrecer argumentos. Y, a priori, el Focus los tiene. |
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Desde que Ford lanzó el C-Max, se esperaba con interés la
segunda generación de la familia Focus, cuya comercialización
acaba de iniciarse. Si bien estéticamente mantiene algunas
similitudes con la familia anterior, los cambios son totales, y
éstos se dan ya en la plataforma. Una plataforma que sorprendió
tanto en el C-Max como en otros automóviles del grupo (Mazda3 y
Volvo S40) que ya la montaban.
El Focus Wagon es un familiar clásico. Es decir, se consigue
mayor espacio para la carga gracias a un voladizo posterior más
pronunciado, con lo que la longitud total se va a los 4,47
metros; de este modo, se convierte en un coche ya de tamaño
respetable. Son apenas 13 cm de diferencia con respecto a las
versiones fastback (las de 3 y 5 puertas), pero se notan en la
capacidad. En condiciones normales, el volumen de carga
disponible es de 475 litros (ampliables a 1.525 litros si
abatimos los asientos) frente a los 385 de las versiones de 3 ó
5 puertas.
Asimismo, estas cifras son más grandes que en la generación
anterior, aunque donde más se nota este mayor espacio es en el
interior. La plataforma tiene una distancia entre ejes superior,
resulta más ancho y largo que su predecesor, y esto siempre es
positivo. De hecho, la impresión es que estamos ante uno de los
interiores más anchos de la categoría –sino el que más–, el que
ofrece más espacio para las piernas atrás, aunque, por el
contrario, la altura del asiento al techo es normal.
Desde el punto de vista de la seguridad pasiva, dispone de
airbags frontales (de doble efecto), laterales delanteros y de
cortina, aunque no equipa todavía reposacabezas activos. Y en
cuanto la seguridad activa, el ESP es opcional, al menos en las
versiones más económicas, y lleva de serie ABS y asistente a la
frenada de emergencia.
Ford ha decidido ofrecer ocho versiones Wagon en el mercado
español. Podemos elegir entre dos versiones gasolina –1.6 de 100
CV y 2.0 de 140 CV– y dos turbodiesel –1.6 TDCi de 109 CV y un
2.0 TDCi y 140 CV.
Al volante del 1.6 TDCi
Obviamente, el corazón de todo contacto es la prueba dinámica.
El nuevo Ford Focus Wagon está ya disponible a un precio muy
competitivo
El motor elegido fue el 1.6 TDCi, el más novedoso surgido de la
colaboración entre Ford y PSA, que responde a la última
generación turbodiesel. Por tanto, no debe extrañarnos que la
potencia sea elevada, 109 CV, y que los niveles de respuesta
resulten sorprendentes. Es capaz de alcanzar los 188 km/h y
acelerar de 0 a 100, justo por debajo de los once segundos. La
recuperación de 50 a 100 km/h en cuarta es un segundo más rápida
que la del motor 2.0 145 CV gasolina.
Al volante la conducción es agradable y sencilla. Genera
confianza desde el primer kilómetro y acaba convenciendo, y
mucho más cuando su consumo es realmente bajo (4,8 l/100 km en
ciclo combinado). La impresión es que, incluso circulando con el
vehículo cargado, responde muy bien.
Si buscamos un pero, estará en el nivel de emisiones. No porque
sean elevadas –que no lo son, y las de CO2 son de sólo 127
gr/km- sino porque en Ford reservan de momento el filtro de
partículas (con lo que cumple ya con las normas Euro IV) a los
mercados que ofrecen beneficios fiscales a los coches que lo
montan. No es nuestro caso.
Ciertamente, el 2.0 TDCI mejora cualquiera de estas
prestaciones; da mayor impresión de poderío, y con 136 CV
mantiene a raya al 2.0 145 CV gasolina. Son 1.700 euros de
diferencia, con el mismo equipamiento Ghia, y casi 3.100 si lo
comparamos con el 1.6 TDCi Trend, cuyo precio básico, de 18.975
euros, resulta muy ajustado.
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