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CITROËN KEGRESSE
El precursor de los «todoterreno»
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Articulo publicado en el Mundo por Manuel Domenech en abril de
2002. Con él demostró su
constructor que no había límites para la utilización del
automóvil. Sus expediciones por África y Asia sorprendieron al
mundo. |
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Hoy vuelve a la actualidad este héroe de las
expediciones de los años 20, gracias a Michelin, al convertirse
en la "estrella" de un nuevo departamento del fabricante de
neumáticos, que se ha llamado Patrimonio Histórico y Cultural de
Michelin y que recoge todos los objetos, documentos, vehículos,
publicidad, películas, fotos y neumáticos de la marca en sus 113
años de historia. Por otro lado, constituye un ejemplo de cómo
se comportaban los primitivos coches de todoterreno en
comparación con los actuales No tenía cuatro ruedas motrices
–tampoco las necesitaba– ni disponía del más mínimo confort,
pero medio siglo antes de que el jeep se pusiera de moda, ya
demostró que un coche bien acondicionado podía superar cualquier
obstáculo, por duro que fuera. Hoy los vehículos de todoterreno
incorporan innovadores sistemas de transmisión a las cuatro
ruedas, motores de gran rendimiento y neumáticos adaptados a las
más duras condiciones de uso, pero comparados con este automóvil
de los años 20, aún muestran debilidades en determinadas
situaciones. Muchas de ellas debidas al empleo de ruedas poco
adaptadas. Esto, sin embargo, no representaba el menor problema
para el Citroën Kegresse, un vehículo semioruga que sólo llevaba
ruedas delanteras direccionales, es decir, que no llevaba
tracción en el eje delantero. Sólo el eje trasero lo propulsaba,
pero la unión al suelo no se realizaba por medio de ruedas sino
a través de una oruga (sistema de cadenas articuladas) que le
proporcionaba una inusitada capacidad para trepar por cualquier
sitio. Eso sí, su utilización estaba limitada por sus
prestaciones, ya que en las pocas carreteras que había entonces
no superaba los 40 kilómetros por hora, y para hacerlo, Michelin
había creado unas bandas de caucho para las cadenas, que, de
otra forma, no serían capaces de controlar las reacciones del
coche. Algo parecido, 70 años más tarde, sucede con los modernos
vehículos de todoterreno, cuando están equipados con unas ruedas
poco adecuadas a la utilización que se les va a dar. De ahí la
importancia de saber decidir en cada momento cuáles son los
neumáticos mejor adaptados, por caros que sean. El coche se
fabricó partiendo de una idea que no fue de Citroën, sino de un
ingeniero francés, Adolph Kegresse, que ya desde muy joven
demostró sus habilidades con la mecánica. Cuando estaba haciendo
el servicio militar inventó un pequeño motor adaptable a una
bicicleta y en 1903, con tan sólo 24 años, se fue a trabajar a
una sociedad mecánica de San Petersburgo. A él se debe el primer
servicio postal en automóvil que funcionó en Rusia, donde llegó
a ser el director del parque automovilístico del zar Nicolás II.
La idea de la oruga se le pudo ocurrir en alguna misión de
guerra, aunque también pudo ser la respuesta a la afición a la
caza del zar, que organizaba batidas hasta en los días más duros
del invierno. Kegresse regresó a Francia en 1917 huyendo de la
revolución rusa, y lo primero que hizo fue patentar su sistema
de tracción. Jacques Hinstin, uno de los primeros concesionarios
de Citroën, se quedó tan impresionado con el invento de Kegresse
que preparó cuatro coches para organizar una demostración para
André Citroën. La respuesta fue clara, Citroën inició la
fabricación de los Citroën Kegresse-Hinstin a comienzos de los
años 20, y de su mano, fueron los protagonistas de las más
grandes aventuras automovilísticas de principios del siglo XX.
Fueron los primeros raids motorizados de todoterreno de la
historia, y los Citroën Kegresse, los primeros vehículos de
todoterreno, medio siglo antes del nacimiento del jeep y aunque
no tuvieran cuatro ruedas.
Patrimonio histórico El Citroën Kegresse se fabricó
hasta mediados de los años 30 y hoy quedan algunos ejemplares
(no muchos) algunos en manos de particulares anónimos y dos de
ellos en manos de Citroën y de Michelin. Precisamente de éste
último es el que aparece en las imágenes, en perfecto orden de
marcha y estrella del departamento Patrimonio Histórico y
Cultural de Michelin, cuya misión es dar a conocer, mediante
eventos culturales y exposiciones itinerantes en toda Europa, la
realidad y los logros de la empresa en sus 113 años de historia.
Al respecto, este departamento aportará,entre otras piezas, la
única réplica existente de la vidriera central de la Michelin
House de Londres a la exposición "Los Ismos", que se celebrará
desde el 22 de mayo hasta finales de agosto en el Museo Centro
de Arte Reina Sofía de Madrid, dedicada a Ramón Gómez de la
Serna. El porqué de la relación entre Citroën y Michelin es muy
fácil de explicar. Los hermanos André y Edouard Michelin, que
regentaban su empresa desde 1889, mantenían lazos de amistad y
de colaboración con el constructor de coches André Citroën, que
les encargó el desarrollo de unos neumáticos para el eje
direccional del Kegresse. Esa relación fue cada vez más
estrecha, hasta que en 1934 la compañía Michelin pasó a ser
socio mayoritario de la sociedad Citroën. André Citroën confió
tan plenamente en las bondades del sistema Kegresse que incluso
viajó, junto a su inventor, a Detroit con el fin de
promocionarlo, pero recibió una fría acogida, y aunque convenció
al Ejército de sus ventajas, éste formalizó escasos pedidos. Fue
entonces cuando André decidió hacer famoso su vehículo
organizando grandes expediciones a través de territorios y
terrenos por los que hasta entonces no se había atrevido a
transitar ningún otro vehículo motorizado. El primer hito para
el reconocimiento del Kegresse tuvo lugar en febrero de 1922,
cuando el Touring Club de Francia convocó un concurso de
vehículos para nieve. Salvo el Citroën Kegresse, los demás
participantes se vieron obligados a abandonar desde el inicio de
la prueba...
La gran aventura La arena era considerada, y todavía lo
es, una trampa mortal para el automóvil. Por eso, el 17 de
diciembre de 1992 Citroën preparó cinco Kegresse, con 10
personas y una perrita, para intentar superarla partiendo de
Touggourt, Argelia, hasta llegar a Tombuctú, a orillas del río
Niger, 22 días después. Fueron 3.200 kilómetros recorridos a un
promedio de ocho kilómetros por hora. Los jefes de la
expedición, Georges-Marie Haardt y Louis Audouin-Dubreuil,
contraviniendo órdenes de Citroën y no contentos con su hazaña,
decidieron regresar a París haciendo 1.000 kilómetros más...
Sólo los discos de las cadenas del Kegresse dieron problemas.
Estaba claro que la nieve y la arena no eran obstáculos para los
Citroën
Kegresse-Hinstin,
pero André Citroën quería demostrar que también eran capaces de
vencer la selva y aguantar 28.000 kilómetros de recorrido Así
nació el Crucero Negro. La expedición estaba dirigida de nuevo
por Haardt y Audouin-Dubreuil, y estaba compuesta por ocho
coches y 16 personas. Partió de Colomb-Bechar, en Argelia, el 28
de octubre de 1924 y concluyó el 26 de junio de 1925 en
Tananarive, capital de Madagascar. La travesía de Asia Central
fue el segundo gran reto, para el que Citroën contó incluso con
la ayuda de los gobiernos francés y chino, además de otros
patrocinadores, entre ellos las sociedades geográficas de
Francia y Estados Unidos. La magnitud de la hazaña requería
mucho dinero y el concurso de los mejores especialistas: 19
mecánicos escogidos por Citroën para acompañar a 20 miembros
más, un grupo compuesto por personalidades de la filosofía, la
medicina, la historia, la arqueología, la pintura, el cine,
etcétera. Baste decir que entre ellos estaba Teilhard de Chardin
y el cineasta Sauvage, que filmó toda la crudeza de la
expedición. La Cruzada Amarilla atravesó 11.000 kilómetros de
pistas durísimas, ríos caudalosos y montañas infranqueables para
ir desde Beirut hasta Pekín. Se dividió en dos grupos: Pamir y
China. El primero salió de Beirut el 8 de octubre de 1931 con
seis coches y 24 personas. El segundo lo hizo desde Pekín, a su
encuentro, para llegar juntos a la capital china el 12 de
febrero de 1932.
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